Mataron a mi perro, y pagaron con sus vidas
Camila Rivas, tres años en un psiquiátrico, solo se mantiene en pie gracias a Bruno, su perro de apoyo emocional. Pero los Sánchez, sus nuevos vecinos, la torturan día tras día: Wi‑Fi robado, paquetes perdidos, suciedad, calumnias y hasta allanamiento. Cuando Bruno es asesinado, Camila se rompe — suspende la medicación, atraviesa la pared con un martillo y convierte su hogar en el escenario de una venganza imparable.